sábado, 28 de enero de 2012

ADN Hecho en Venezuela

No sé si son ideas mías o alguien más ha notado que los venezolanos somos una “especie” bastante peculiar. Traemos una historia tan compleja como reciente sobre nuestra espalda, y por más que nos hagamos los locos o los sabios, esa realidad nos persigue y nos atrapa muchas veces. 

Mi planteamiento anterior está referido a nosotros como sociedad, a como actuamos y vivimos como un conjunto de individuos que deciden vivir en comunidad y buscan la forma de ponerse de acuerdo para alcanzar mejores condiciones en su vida (personal, familiar, laboral, etc).

No tengo la más mínima duda de nuestra calidad humana y soy consciente de la gran cantidad de cualidades que tenemos los venezolanos, definitivamente somos gente de bien.

Podría decir que hoy estamos agobiados por muchas cosas y que estamos viviendo tiempos difíciles, y bla bla bla. Es cierto, no nos encontramos dentro de un cuento de hadas precisamente, pero si yo decido ver la realidad de manera objetiva y sin dejar que nada distorsione mi visión, me encuentro con que hemos evolucionado como sociedad. Nadie puede negar que hayan mejorado muchas cosas, cosas de las que importan, de las que hacen la diferencia en un pueblo, o mejor dicho que hacen patria. Básicamente me refiero a nuestra madurez y nuestro compromiso con el país.

Unos días atrás escuché en la radio una frase que me dejó pensando más de la cuenta, alguien decía: “Venezuela está destinada a ser grande”. Millones de veces había escuchado esas palabras, pero en ese momento y casi como una respuesta inconsciente pensé ¿será verdad eso, es ese realmente nuestro destino? ¿No será más bien que nos llenamos la boca con un orgullo vacío, que nos ciega y nos hace dar por hecha una grandeza que no hemos buscado, por la que no nos hemos esforzado? Fue muy duro y cruel ese pensamiento, pero me sirvió para reafirmar lo que mi corazón tenía bien claro y mi cerebro en ese momento dudó: nuestro destino es del tamaño de nuestra entrega y nuestro compromiso con esta tierra bonita que nos ha dado todo, así que no existen los límites para lo que podemos llegar a ser como País.

Pero hace falta algo más que grandes pensadores y estudiosos, de los cuales nuestra historia está repleta. Porque si a lo largo de los años los mensajes y enseñanzas de tantos grandes venezolanos que han aportado ideas valiosísimas no han encontrado su lugar en la sociedad, es decir, en el pueblo (donde estamos incluidos todos nosotros), hay algo que no se ha hecho bien. Podríamos hacer el ejercicio de buscar ese “algo” que no ha funcionado, y plantear una alternativa que sea factible y sobretodo vivible para transformarnos en ese País libre, educado, próspero y solidario que pareciera hoy dormir dentro de cada uno de nosotros. 

 Mientras meditamos al respecto y pensamos lo que haya que pensar no podemos quedarnos estáticos y dejar que la historia pase delante de nosotros sin meternos también a dar la pelea (es una metáfora por si acaso, soy fan número uno de la no violencia). Mi humilde opinión es que nos ha faltado poner los pies sobre la tierra, hablamos y hablamos pero no hacemos. Preferimos voltear la mirada antes de asumir que la pobreza sigue siendo una gran realidad, nos preocupamos solo de nuestros problemas y no miramos a quien tenemos al lado, no somos capaces de salir de nuestra gran muralla china interna para encontrarnos y mirarnos a los ojos como los hermanos que somos todos los venezolanos. Teorías hay muchas, demasiados números y estadísticas que se quedan ahí, en un papel que leemos y decimos ¡que bárbaro! Y luego pasamos la página como si nada.

No se trata sólo de salir a votar y decir que cumplí con mi deber, nuestro deber va muchísimo más allá. Ojalá algún día lo entendamos, y que ese día nos encuentre aquí mismo, sin haber tenido la necesidad de emigrar cuando ya no había más remedio. 

Tenemos una gran responsabilidad todos los que nos damos cuenta de lo que está pasando, y podemos emitir opiniones y ver quien está haciendo las cosas bien o mal. Porque si no pasamos del dicho al hecho seremos cómplices de aquello que criticamos. Por el contrario si comenzamos a actuar en el mismo sentido que van nuestros pensamientos, y logramos hacer concretas y visibles nuestras ideas para mejorar aquello que pensamos que no funciona o que puede hacerse mejor, entonces seremos coherentes y nadie podrá callarnos o hacernos bajar la cabeza.

Cada quien sabe donde puede poner en práctica la coherencia y la manera de hacer las cosas a la que me refiero, y estoy segura que muchos ya lo hacen. Sigo creyendo en mi país, me siento orgullosa de llevar este ADN que dice “Hecho en Venezuela”.

martes, 6 de diciembre de 2011

De donde vengo...

Tendría tantas cosas que decir de mi ciudad, la que odié y amé, mi Maracaibo.

Maracaibo de noche
Ahora más bien creo que hablar de Maracaibo es como difícil, tendría que cantar, cosa que no me sale muy bien…porque es que el maracucho habla cantando, echando chistes, metiéndose con todo el mundo.

Desde que vivo lejos entiendo perfectamente aquellas gaitas tristes de recuerdos melancólicos, Aquel Zuliano, El barrio de mis andanzas, Sentir Zuliano, etc.

Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermudez
Yo no soy regionalista. En serio, no es la letra de la gaita, es que nunca me he contado entre los que ven al Zulia separado de Venezuela. Pero si puedo decir que hay algo en ese sentimiento de arraigo que tenemos los zulianos por nuestras cosas que podemos tomar como positivo y enfocarlo hacia el sentimiento de país que nos hace falta.

Como saben nací en Maracaibo, viví allí mi niñez y mi juventud. Caminé bastante bajo el sol de mediodía, que hace que uno sienta que se va derritiendo en cada paso. Comí bastante “cepillao de tamarindo con leche” para aguantar el fuego dentro de los carritos por puesto o autobuses yendo y viniendo de la universidad. Es decir, viví la vida maracucha como Dios manda.

Me llevaron a la basílica en paseos desde el kínder, o sea que conozco a mi Chinita desde hace rato,  y ella a mí. Nos hicimos buenas amigas, cuanto la quiero a esa virgen morena. Sólo de ver la capacidad que tiene para sacar los mejores y más bonitos sentimientos de todo el que pasa delante de ella, te hace darte cuenta que estás delante de una Reina.

Monumento a Nuestra Señora de Chiquinquirá
La gaita, ¡que vaina con la gaita! A medida que fui creciendo entendí el inmenso tesoro que tenemos en ese canto popular, la verdadera gaita que nació del pueblo y que corre en sus venas todavía en estos tiempos. No tanto la gaita comercial que solo escuchamos en Diciembre, sino la que suena en Santa Lucía cuando menos lo esperas, y que te hace vibrar el corazón de pura emoción porque te conecta con tu tradición y tu cultura.

Uno en Maracaibo le dice primo a todo el mundo, porque en el fondo te sientes cercano a la gente, la conozcas o no. Generalmente va a salir algún parentesco al final de la conversación, porque uno termina siendo hijo del primo del tío del abuelo de alguien.

Ahora que estoy reflexionando tanto sobre el porqué decidí apostarlo todo por este país y me hice el planteamiento de tener un solo plan, el plan A, han comenzado a salir recuerdos de vivencias tan bonitas y tan profundas que me van haciendo entender de qué es que estoy hecha yo, en realidad de qué estamos hechos todos los que hoy en día seguimos creyendo en nuestro país a pesar de tantas cosas.

Los Atlantes en la Plaza Baralt
Al principio me referí a Maracaibo como la ciudad a la que odié y amé, porque uno tiene que ser honesto y sincero, pero también agradecido y humilde. Maracaibo es una ciudad bastante particular, con muchísimos contrastes, sobre todo en lo social. No sé exactamente las cifras pero recuerdo que una amiga me comentó una vez que el 80% de lo que llamábamos Maracaibo (supongo que comprendía también al municipio San Francisco, al sur) eran barrios, y para mí fue un shock porque dije: ¿eso significa que me he limitado a vivir en el 20% de la verdadera realidad de mi ciudad? Claro como allá no hay cerros, todo es plano, uno puede vivir perfectamente haciéndose el loco en su burbuja (cosa que no puedes hacer en Caracas).

Pero lo que me llevó a hablar sobre la tierra del sol amada, va más allá de todo eso. Quería reflejar el orgullo que uno puede sentir por un pedacito de tierra, el sentimiento que se desarrolla a lo largo de una vida y que te hace conectarte de una manera tan sublime con “tu pueblo, tu ciudad”, porque lo sientes tuyo de verdad, sientes que todo lo que ahí pasó, pasa y esta por suceder te afecta de alguna manera, te mueve alguna fibra dentro.

Yo solo quise tomar de ejemplo el sentimiento zuliano, que dentro de mi es lo mismo que el venezolano,  no los puedo separar. Para mí el Zulia es mi tierra y Venezuela mi Patria. Ser maracucha es ser venezolana con un sabor particular. Así como lo sentirán los llaneros, los orientales, los guaros, los andinos, cada uno con su sazón pero todos venezolanos.

Ahora, como yo vengo de donde vengo, me sé la receta del maracucho. Espero recibir las recetas que me faltan para armar el verdadero pabellón criollo, con un toquecito de cada rincón. ¿Qué nos puede contar un guaro cuando piensa en su tierra larense? ¿Qué siente un merideño, un tachirense o un trujillano cuando recuerda sus montañas y su verde? ¿Qué dice un oriental de sus playas y su gente? ¿Qué le hace “aguar el guarapo” a cualquier venezolano cuando está lejos y habla de su patria?

¿Porqué no nos tomamos unos minutos para buscar ahí, dentro de nosotros, lo mejor de Venezuela que cada uno de llevamos dentro?

¿Vale o no vale la pena enfocar nuestra energía y nuestras fuerzas para ver a este país así como lo soñamos, así de grande como todos sentimos y sabemos que puede ser?

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Sin borrador

Aquí vamos, en vivo y directo esta vez. Hace ya casi dos meses que no lograba detenerme un momento por estos lados, pero que nadie crea que esta pequeña mentecita ha dejado de pensar y trabajar en el proyecto.
Dos meses ahorita me parecen años, cuando hago un recuento de las cosas que he vivido en este tiempo pareciera que no me va a alcanzar este cuadrito para contarles. Y en este momento me aparece un mensaje en la cara que dice: esto no se trata de ti Beatriz, ¿no te das cuenta que va mucho más allá?
Hoy no vengo con ningún discurso elaborado, vengo relajada, como si estuviéramos en la playa conversando un domingo cualquiera. Porque la vida es sencilla, uno se esfuerza bastante para hacerla complicada. Las decisiones en la vida se toman o no, podemos pasarnos semanas, meses, años tal vez, tratando de decidir que vamos a hacer, y mientras tanto cada minuto que hemos dejado ir se lleva la posibilidad de ver nuestros sueños hechos realidad. Todo por una simple razón, no nos decidimos. Tenemos dudas, ¿está bien esto? ¿o será que está mal? y simplemente no tomamos las riendas de nuestra vida.
No soy precisamente yo una experta en el tema, pero puedo decirles algo, la libertad que he experimentado desde que decidí escoger un Plan A en mi vida ha sido un fantástico regalo que Dios y la vida me tenían guardado.
Porque esta decisión no es solo un deseo intangible, una ilusión. Es un compromiso que hice conmigo misma, con mi país, y con todos los que de cualquier manera reciben este mensaje. Es una responsabilidad por supuesto, porque las palabras se las puede llevar el viento pero las acciones, los momentos vividos, eso es lo que finalmente permanece. Yo soy consciente de que falta mucho por hacer no sólo para difundir esta iniciativa, sino para hacer visible la realidad que me hace creer en Venezuela y querer quedarme aquí.
Lo vamos a hacer, ése es el compromiso. Estoy enamorada de este proyecto, porque siento que es como un camino por donde muchísimos queremos transitar, involucrarnos, trabajar por nuestro futuro, tocar un poquito las conciencias, provocar reflexiones. Yo sé que en esto andamos todos, no perdamos el ánimo nunca, cada uno de nosotros es protagonista en esta historia. Trabajemos juntos por ver nuestros sueños hechos realidad...por ejemplo yo...
Sueño con ver un pueblo orgulloso del gran país donde tuvo la bendición de nacer: Venezuela.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Como hago pa llegar a viejo

Ha llegado la hora, es inevitable por muy duro que le pegue a uno en el alma. Si no hablamos de este tema estaríamos siendo demasiado ilusos o extraterrestres. La verdad que no deja de estrellarse en mi cara es que no me quiero morir en manos de un delincuente. Puedo manejar que la hora de dejar este mundo para cualquiera es desconocida, pero pensar en una muerte violenta es demasiado duro, demasiado desconcertante.

Llevo varios días, tal vez semanas, tratando de poner una palabra tras otra de manera ordenada, sin que se me nuble la mente con el dolor y la incertidumbre. El dolor de saber que cada día mueren tantas personas en este país, por razones tan estúpidas como el robo de un celular. La incertidumbre por no tener respuesta para la pregunta que se repite siempre, ¿qué puedo hacer al respecto? Será que la única manera de salvar mi vida es esconderme en mi casa, debajo de la cama tal vez, no hablar con nadie en la calle, mirar a todo el mundo como un potencial enemigo que me puede hacer daño en cualquier momento.

Me niego a vivir así, no puedo. Pero cómo puedo hablar de quedarnos en el país a luchar por él, sabiendo que en cualquier momento alguno de nosotros se puede convertir en la próxima víctima. Sólo de pensarlo mi cerebro se queda en blanco, todo se bloquea. No es fácil.

No es fácil porque yo sí quiero llegar a vieja, yo quiero vivir los muchos o pocos años que Dios me dé a plenitud, siendo libre y feliz.

Así como no pienso ignorar la realidad que vivimos todos los días en Venezuela en cuanto a la inseguridad, tampoco voy a permitir que esa carga de fatalidad y pesimismo que nos quieren inyectar se apodere de mí. Este país no será el primero ni el último que enfrente una situación de violencia como la actual, hay ejemplos contemporáneos de ciudades violentas donde se logró controlar lo incontrolable, ¿por qué nosotros no vamos a poder hacerlo?

Tal vez yo no sea una experta en la materia, de hecho no lo soy. Pero sé que existen razones para pensar que todo esto que respiramos a diario y nos atormenta a todos por igual, no es casual. Que lamentablemente en los últimos años de nuestra historia reciente se han ido armando las bases para que el terror que reina en la calle, reine también en nuestras cabezas. Pienso que es un caos controlado, por poderes conocidos o desconocidos, que necesitan tenernos asustados y si es posible que huyamos en masa (los que tal vez pudiéramos hacerlo), para controlar a quienes no tienen más remedio, porque no pueden irse, y tendrán que vivir bajo el miedo y la violencia.

Antes de publicar estas reflexiones, me atormentaba el hecho de no tener algo positivo que decir. Porque está claro que hay tantas buenas razones para quedarse en Venezuela, tantas cosas fantásticas por hacer, tantas oportunidades para catapultarnos hacia lo más alto como país, pero más importante que eso, como un pueblo. Pero siempre que miro para algún lado, sale la bendita inseguridad como un muchachito impertinente que hace quedar en pena a la mamá.

Mientras escribo aparecen algunas ideas, que no son la solución al problema obviamente, pero le dan un respirito al alma con un poquito de  esperanza como si inflara un caucho “espichao” (se me salió el maracucho). No son consejos ni tips de seguridad, creo que a este punto la mayoría de nosotros tiene un master en andar mosca por la calle, y cómo mantener la calma en un atraco. Es más bien un llamado a la conciencia de cada uno, a que no nos acostumbremos a esto, no permitamos que nos impongan un estado de paranoia colectiva. No podemos permitirnos ver con normalidad los noticieros o los periódicos cada día con cifras patéticas de muertes violentas, no perdamos la sensibilidad nunca. Porque no solo se nos están muriendo jóvenes y niños, adultos, ancianos, venezolanos trabajadores y estudiantes, es que los están matando otros venezolanos, es decir nos estamos matando entre nosotros, hay una guerra delante de nosotros y no podemos quedarnos callados, no es justo.

Busquemos la oportunidad de protestar, de una manera inteligente, sin mezclar la política, tenemos que exigir la seguridad que merecemos como ciudadanos de un país que no está en guerra oficialmente. Hemos dicho antes que nos quedamos en Venezuela no para esperar a ver que tiene este país para brindarnos, si no para darle lo mejor de nosotros, es lo que tú y yo podamos ofrecerle a Venezuela lo que la hará cambiar. La inseguridad no es algo que dependa de nosotros directamente, pero si nos quedamos callados y nos acostumbramos al caos, simplemente estaríamos entregándonos y rindiéndonos…si en Bogotá se pudo, ¿por qué en Caracas, Maracaibo, Valencia, y en toda Venezuela no se va a poder?

Fuente: http://www.flickr.com/groups/venezolanos_en_el_mundo

La canción Otro día de luto (Sanluis) se me instaló de tal manera en el corazón, tal vez porque aún exponiendo un tema tan rudo y deprimente, no me deja triste, me quedo con la esperanza de que encontraremos juntos la manera de salir de este momento tan difícil: “yo no sé quién es el bueno, quien el malo en este cuento, tantas máquinas de acero escupiendo su veneno, quien vigila tu pellejo, en las calles y en los cerros, cómo hago pa llegar a viejo?” 

lunes, 29 de agosto de 2011

¿Por qué no nos lo creemos?


Hay algo que siempre me deja un montón de sentimientos encontrados cuando escucho a la gente hablar de sus viajes a otros países, generalmente terminan con la frase irónica “igualito que en Venezuela pues”. En ese momento quisiera pegar cuatro gritos y decirles, ¿saben qué? Todos esos  países y culturas que vamos conociendo y que nos parecen tan avanzados y tan bien organizados han pasado por siglos de aprendizaje y desarrollo, sus ciudadanos valoran sus raíces y han luchado por su independencia y libertad por mucho tiempo. No me refiero a  ningún país en particular, porque en general cualquier lugar que no sea Venezuela nos parece de otro mundo, espectacular, bien organizado, rico en cultura y educación, etc.

Por alguna razón he tenido la suerte de conocer varios países, y por supuesto que me gusta muchísimo viajar. Pero no para mirar con inferioridad lo que nosotros no somos, si no para llenar la lista de la gran cantidad de cosas que podemos ser. Claro que me enamoré de Barcelona (España), la cual considero una ciudad universal, tan rica en cultura y diversidad, tan alucinante. Pero sin ir tan lejos, Quito (Ecuador) es una ciudad encantadora, donde las raíces y tradiciones de un pueblo van caminando por las calles con tanto orgullo que te hace pararte y dejarlas pasar delante de ti con admiración. Los Estados Unidos de América, que puedo decir, tan grande ese país, tan diferentes las ciudades y a la vez tan uniformes en su modus vivendi. Desde lugares históricos y con orgullo patrio (Washington D.C.), hasta paisajes mágicos y sublimes, con todo a la mano para disfrutar y admirar (Colorado), el clásico Disney World (Florida), la impactante ciudad de Nueva York.  Un impecable Chicago, con esos edificios y esas calles derechitas. Pero aquí mismo, al ladito en Colombia, Bogotá con un clima y unos lugares tan bonitos y cercanos a uno, la catedral y la plaza de Bolívar. La gran Roma (Italia), no hay palabras para describirla, majestuosa y enredada. Florencia bellísima en todos los sentidos.

Tampoco es que soy una trotamundos, ya quisiera yo. Pero créanme cuando digo que ninguno de esos lugares me ha tentado a quedarme, cada vez que viajo me quedo pensando: nosotros lo tenemos todo para ser un país como cualquiera de estos, todo lo material quiero decir. Tenemos petróleo (cosa que no tienen muchos), tenemos minerales, recursos naturales, una ubicación geográfica privilegiada, diversidad climática, impresionantes bellezas naturales, historia, tradiciones, la mezcla de razas en un innegable mestizaje que nos hace únicos. Pero también somos ricos en aquello que no es tangible y sin embargo es igual de importante que todo lo anterior. Nuestra calidad humana, algo que sinceramente no se encuentra en todos lados. También tenemos tantas cosas por las cuales sentirnos orgullosos, venezolanos que hoy son del mundo, que brillan por su talento en cualquier lugar y dejan su huella por donde pasan.
Sólo nos falta “algo”, una chispa que nos haga reaccionar y darnos cuenta de que nuestro país también es maravilloso, ¿por qué no nos lo creemos?

Foto satelital de Venezuela

Posiblemente porque hoy estamos envueltos en contradicciones; la economía, la política, la inseguridad, nos están arrinconando cada vez más. Y frente a eso ¿cuál es nuestra actitud? ¿Ya intentamos cambiar algo (por muy pequeño que sea) a nuestro alrededor?

Esto no se trata sólo de hablar y caernos a cuentos, ese “algo” que creemos que nos falta está ahí, dentro de cada uno de nosotros. ¿Qué esperamos para darle un pellizco y hacerlo despertar?

Es evidente que no somos nosotros los que diseñamos las autopistas, ni los edificios, ni los puentes. Tampoco tenemos el poder para establecer una estructura turística como la soñamos y sabemos que puede existir porque la hemos visto en otros países. Mucho menos somos nosotros quienes decidimos invertir más recursos en la educación. Es verdad, eso no está en nuestras manos. Lo que sí depende de nosotros es como vivimos nuestra vida aquí, como trabajamos, como somos honestos y tratamos siempre de hacer las cosas de la mejor forma posible, nos conformamos con la excelencia, no con menos. No podemos poner la situación política como excusa para dejar de cumplir con nuestros compromisos como ciudadanos de este país. Ya lo he dicho antes, las quejas no van a hacer que las cosas cambien. Son nuestras acciones las que harán que tomemos el rumbo que todos queremos para Venezuela.

Balancín
Sé que algunos podrán pensar que soy una sentimental o una ilusa al tener tan altas expectativas para mi país, pero sinceramente yo sí me lo creo, ¿por qué no habría de hacerlo? Si sé perfectamente que tenemos el capital humano para hacer todo lo que haga falta, y cuando digo todo es todo.

Salto Angel (Canaima)
Sierra Nevada (Mérida)








Acaso no tenemos mentes brillantes y talentosas, capaces de diseñar autopistas y estructuras de primer mundo. No contamos con médicos e investigadores en todas las áreas del conocimiento que hoy están cosechando éxitos en cualquier lugar del mundo (incluidos los que todavía están aquí), y que podrían perfectamente contribuir con el desarrollo del país. Ni hablar de nuestros artistas, músicos, actores, escritores, pintores, escultores. Muchos rodando por el mundo, pero muchísimos aquí, tratando de darnos esperanza con su arte, cuánto valor tiene esa entrega. Y sobre los políticos, pues también hay que hablar. Porque hay que quitar el estigma que se ha querido colocar sobre todo aquel que se atreva a ofrecerse como servidor público. No es fácil tocar ese tema pero es necesario, tenemos que darle su lugar a la política en la vida de un país, es la manera en que nos ponemos de acuerdo, es el equilibrio que se necesita para convivir en sociedad. Claro estoy hablando sobre la verdadera política, no la politiquería a la que lamentablemente nos hemos acostumbrado.

Con todo eso lo que quiero decir es que miremos alto, no nos conformemos con lo que vemos hoy, sabemos que se puede estar mejor como país, entonces porqué no asumimos también nosotros la tarea de construirlo? Si nosotros, tú y yo. Que no somos políticos, ni artistas, ni grandes científicos o eruditos. Haciendo bien lo que nos toca, pero dando el 110%, dejando huella por donde pasamos, dando el ejemplo.

Hoy me atrevo a preguntarte: ¿te lo crees?  

lunes, 8 de agosto de 2011

El que busca, encuentra

Cuando te pones a pensar en el planteamiento del Plan A, y dices yo me quedo en Venezuela porque así lo decidí y quisiera contagiar a los venezolanos para que se unan en este proyecto, surge una que otra inquietud. ¿Cómo hago? Es la primera cosa que te preguntas, ¿qué es lo que tengo que hacer? ¿A dónde tengo que ir? ¿Con quién tengo que hablar?, así van apareciendo miles de interrogantes, que poco a poco comienzan a responderse solas.

En algún momento pensé que debía buscar personas exitosas que estén en el país, para que cuenten sus experiencias, y así tratar de impulsar este proyecto sobre la base de realidades que ya existen hoy en día, de historias positivas que puedan servir para motivar a quienes tal vez hoy los invade el pesimismo, la impotencia, la tristeza muchas veces, y están pensando que la mejor opción es dejar esta tierra para buscar un mejor futuro lejos de aquí.

Aquí es donde cabe la frase “el que busca, encuentra”. Tu solo te detienes un momento, miras para los lados, y vas a encontrar gente “exitosa” hasta debajo de las piedras. Las comillas se deben a que el éxito del que hablo no tiene que ver necesariamente con gente millonaria, famosa, con grandes negocios o metida en la política, es gente trabajadora, luchadora, sencilla, que ama su país y sabe que un futuro mejor para Venezuela depende de cada uno de nosotros y de hasta qué punto estamos dispuestos a comprometernos con la tarea de sacarla adelante.
Podemos hablar por ejemplo de la Vinotinto, nuestra selección nacional.



Que orgullo ver como el trabajo en equipo, el esfuerzo y la constancia de los jugadores, entrenadores, técnicos, el apoyo de patrocinantes que creyeron en un proyecto a futuro, en fin, la suma de muchos factores que algunos tal vez desconocíamos, fue lo que hizo posible que un país entero sintiera cosas increíbles y vibrara unido con la reciente actuación en la Copa América.

Otro ejemplo fantástico el de una fundación que conocí hace poco y que me ha enseñado que no importa cuán adversas puedan ser las circunstancias que vivimos, siempre se puede salir adelante y creer en los sueños porque se hacen realidad. Se llama Fundhea (Fundación Historia Ecoturismo y Ambiente). Están trabajando como hormiguitas para rescatar nuestra historia a través de recorridos por lugares hermosos e interesantes, dándonos la posibilidad de conocer los hechos y personajes que son parte de nuestro pasado, logrando despertar la curiosidad y el interés por saber más acerca de nuestras raíces. Los mueve el amor por su país, no tanto el beneficio económico que pueda representar su trabajo, porque la idea es que mucha gente pueda tener acceso a estas actividades. 



Junto a ellos pude conocer los fortines del Ávila, recorrer el camino por donde se llegaba hasta La Guaira desde Caracas en tiempos de la colonia. Ver caer el sol en la cima de una montaña, donde por un lado podía ver la ciudad y por el otro la inmensidad del mar, presenciar un atardecer mágico a pocos kilómetros del caos donde vivimos sumergidos, es algo que no tiene precio. Definitivamente necesitamos multiplicar esta iniciativa por todos lados, si en cada ciudad tenemos la posibilidad de reencontrarnos con nuestra historia y a la vez disfrutar de la naturaleza fantástica que nos rodea, estaremos sembrando conciencia y valorando las cosas hermosas que tenemos por todos lados. Así que trabajo hay de sobra, y estoy segura de que gente con ganas de hacerlo también.

Buscando y buscando encontré también un blog genial, se llama Caracas Ciudad de la Furia, de verdad es fantástico. No conozco personalmente a su autora (todavía), se llama Mirelis Morales. Me impresionó la dedicación y la entrega con la que escribe sobre esta ciudad tan complicada como interesante. Es una forma muy original de animar a la gente a conocer la ciudad, pero sobretodo a respetarla. Cuando consigo cosas como ése blog voy confirmando cada vez más que somos muchísimos los que andamos en este camino del Plan A, que tenemos que difundir todo lo bueno que está pasando a nuestro alrededor y no dejarnos arrastrar hacia el pesimismo y la monotonía de pensar que nada va a cambiar y que vamos de mal en peor. No se trata de ignorar la realidad y actuar como si todo fuera color de rosa, se trata de mirar las cosas a través de otros cristales. Leyendo lo que escribe Mirelis en su blog uno se contagia una energía positiva increíble y para mí ha sido una inspiración y un ejemplo. Ya quisiera yo que estas líneas llegaran a tanta gente y sobre todo que logren despertar conciencias y llenar de ánimo muchos corazones. Trabajaremos para que así sea.

Retomando esas palabras que me hicieron reflexionar, pienso que “buscar” significa trabajar muchísimo, ser constante, perseverante, dedicado, tener mucha fe y esperanza, ser solidarios siempre y con todos; de esa manera vamos a “encontrar” la Venezuela que está ahí delante de nosotros, que ha estado desde siempre esperando con amor el momento en que le demos el lugar que merece, que la valoremos y la pongamos muy en alto.

miércoles, 6 de julio de 2011

¿Dónde está la felicidad?

Buscar la felicidad no es un derecho, es un deber irrenunciable. Por felicidad entendemos ese sentimiento que muchas veces no podemos describir, pero que nos llena el alma de paz y de alegría. Nos hace sentir vivos y en armonía con el universo. Generalmente asociamos la felicidad con el éxito que podamos alcanzar en la vida, bien sea en lo personal, lo profesional o lo económico.

Muchos tal vez nos proponemos como metas estudiar una carrera determinada, lograr éxitos profesionales trabajando en lo que siempre quisimos, formar una familia, tener una casa, ser exitosos económicamente. Así, poco a poco, vamos construyendo un “molde”, un “boceto”, un paradigma de lo que nos hará felices. Lamentablemente dejamos pasar el momento presente que estamos viviendo, pensando que seremos felices cuando alcancemos esto o lo otro.

¿Por qué me estoy metiendo en ese rollo filosófico si este blog se trata de Venezuela, de que queremos quedarnos aquí, etc., etc.?

Bueno porque entre las miles de razones que he escuchado que mueven a la gente a irse del país, hubo una que me impactó y me hizo reflexionar sobre lo anterior, sobre nuestros paradigmas de éxito o de felicidad.

Una muchacha pienso que de mi edad, que conocí recientemente y con la que estuve conversando sobre el Plan A, me comentaba que ella quería irse porque sabía que podía ser mucho más exitosa y próspera en otro país. Actualmente tiene un excelente trabajo, donde le va muy bien, económicamente está en una posición aventajada, tiene su novio y piensa formar una familia con él. Sin embargo, está consciente de que puede estar mejor afuera, ganando más dinero, podrían comprar una casa como la que sueñan, tener hijos y educarlos en los mejores colegios. Así, muchísimas razones relacionadas a como ella piensa que debería ser su vida exitosa.

Yo sólo pude decir, tienes razón, si te vas es seguro que vas a alcanzar todo eso que anhelas en lo material. No dudo ni un instante que ganarás el dinero que esperas, podrás comprar tu casa bonita, y te sentirás segura cuando salgas a la calle. Sólo te pregunto algo, ¿eso es realmente lo que te hará feliz? ¿En algún momento te has detenido a escuchar dentro de ti qué es realmente la felicidad que buscas? ¿Está necesariamente en otra parte?

Aún cuando lo he dicho antes, quiero repetir que no tengo ni la más mínima intención de juzgar a nadie que piense que irse del país es la mejor solución para su vida, yo creo totalmente en la libertad que tenemos como seres humanos de pensar y hacer las cosas de acuerdo a  nuestra conciencia.

Sólo coloco sobre el tapete una reflexión, algo que me llevó a pensar en mis propias aspiraciones, en mi búsqueda de la felicidad que es lo más legítimo que tenemos como seres humanos. No todos la encontraremos de la misma manera o en el mismo lugar, pero siempre es útil escuchar las experiencias de los otros, siempre aprendemos algo.

Yo también quiero ser exitosa, en lo personal y lo profesional, y en lo económico también, ¿por qué no querría serlo? Pero hay una premisa para todos esos deseos, yo sé que mi felicidad no depende de un lugar, no depende de una circunstancia, depende de mí.

En lo personal yo trato de tomar todas las cosas de las manos de Dios, todo lo que llega a mi vida y también lo que se va. Pienso que antes de irme del país buscando lo que aquí no encuentro, me esforzaría por buscar mejor. No tanto lo que el país pueda darme si no lo que yo pueda darle a él. Siempre escuché que uno se siente más feliz dando que recibiendo, y cada día lo compruebo. Mi decisión personal de quedarme en Venezuela pase lo que pase está ligada inexorablemente a mi felicidad, y si las circunstancias se tornan difíciles estoy segura de que encontraré la manera para seguir adelante porque mientras mantenga la fe y la constancia, el éxito y la prosperidad llegarán de maneras que tal vez yo misma nunca habría imaginado.