lunes, 18 de abril de 2011

Madera fina

La música es el idioma mediante el cual se comunican las almas, y si mi país tiene un alma (claro que la tiene,) yo estoy segura de que canta y canta para hacernos escuchar sus más profundos sentimientos. Hay muchas maneras de decir te quiero, te extraño, me haces falta, te necesito, eres lo más lindo que tengo… así mismo Venezuela cada día nos canta de mil formas como una mamá a su hijo recién nacido, como un pajarito que te alegra la mañana, como un río bajando de la montaña o las olas alcanzando la orilla en un playa tranquila. Nos canta cada día para hacernos felices, para que seamos mejores personas, para que luchemos por nuestros sueños.

Este sueño loco que tengo al pasar de los días se va nutriendo con los mensajes que llegan a mi alma desde cada rincón de mi país en el que pienso, añoro o visito. Es eso lo que me da fuerza para continuar, sin dejar que el desánimo gane un milímetro de terreno. Y por supuesto saber que ya muchos comparten esta idea, que han hecho de Venezuela su plan A, eso es algo que no tiene precio.

Ya había comentado que iba a leer mucho, investigar, reflexionar sobre nuestra historia como país, sobretodo como pueblo. Estoy en eso, tal vez no vaya a la velocidad que quisiera pero voy a paso seguro. Algo de lo que cada vez tengo más certeza es que nuestra realidad actual no es fortuita, es un ciclo más de la complicada historia que traemos encima. Y esto tengo que confesar que en cierto modo me alegra, porque le ha quitado toneladas de importancia al personaje que hoy nos gobierna a algunos, porque a otros los atormenta, otros tantos le temen y le huyen, y otros que no son pocos (los mismos de siempre) creen en él. Son precisamente estos últimos, “los mismos de siempre”, en quienes me he detenido a pensar.

Yo no pretendo convertirme en socióloga, aunque si me descuido termino con el título en la mano porque es un área realmente fascinante y clave para entendernos como pueblo. Quisiera que cada uno de nosotros se colocara por un solo instante en los zapatos de quienes a lo largo de la historia han venido recibiendo mensajes de conformismo, de dependencia de algún poderoso, de esclavitud bajo cualquiera de sus versiones modernas, y así podemos seguir poniéndole nombres a todo lo que sabemos que ha alimentado el alma indefensa de quienes por la razón que sea no han tenido acceso a algo diferente. Y de verdad, con el corazón en la mano digo “alma indefensa”. No es un justificativo, ni mucho menos lástima, es que entendí que en el alma de cada uno de nosotros habita el amor, la bondad, la solidaridad; sin embargo, somos vulnerables cuando nuestra alma comienza a ser alimentada con resentimiento y dolor, con sufrimiento y miseria, pero sobretodo con ignorancia. Pienso que ahí está una de las raíces más profundas de todo lo que estamos viviendo, en la ignorancia. Y estoy segura de que ese detallazo no se le ha escapado a ninguno de nuestros gobernantes desde los tiempos de Bolívar.

Ahora bien, eso tiene arreglo. Mi pregunta es, ¿estamos dispuestos a ponerle el pecho a la situación?

Porque si decidimos que nos quedamos aquí y vamos a luchar para sacar el país adelante, estemos claros que además de organizar la economía y enseriar la política, se necesita voluntad de parte de todos para que la educación y la cultura forme parte de una vez y para siempre de la vida de los millones de venezolanos que están hambrientos porque no se han alimentado bien durante siglos. Y eso queridos amigos, es tarea nuestra también. No podemos permitirnos el lujo de dejar nuestro destino en manos de nadie que no seamos nosotros mismos, debemos fortalecer nuestra conciencia para entender que cualquier cambio por pequeño que parezca comienza en nosotros, en nuestras familias, en nuestra vida cotidiana.

Y quiero decir que la montaña de problemas pareciera gigante, me la imagino como el Roraima visto desde su base (tengo pendiente conocer la Gran Sabana, anotado). Pero así como se hizo tan evidente para mí que nuestros problemas no comenzaron en 1.999, de la misma manera he ido descubriendo y conociendo muchos hombres y mujeres que lo dieron todo y se jugaron la vida por este país, y sé que hoy todavía existimos, respiramos, y estamos dispuestos a darlo todo muchos más. Allí es donde se pone buena la cosa, como cuando una película toma giros inesperados y uno se emociona. Porque me puedo imaginar a un gentío escalando el Roraima, trabajando en equipo, con los mejores instrumentos disponibles (no sé mucho de esos deportes extremos pero cierro los ojos y veo la escena), todos haciendo su parte del trabajo para llegar a la cima. Ese gentío somos nosotros, todos los que hoy estamos emocionados y tal vez no sabemos muy bien qué hacer, pero estamos seguros de que Venezuela es lo nuestro. Y sé que se irán sumando muchos más, además de los que desde hace mucho tiempo vienen preparando el terreno, entrenando fuerte para la aventura que nos espera.

“Voy a arrancarte esa mirada de animal mal herido y que tus ojos se convenzan de la suerte que tuvimos de tener madera fina”

Gracias Yordano, es así, somos de madera fina, nadie puede dudarlo.

martes, 5 de abril de 2011

Tomando forma

El mensaje está en el aire, ya comenzó a rebotar por todas partes. ¿Ahora qué?

Hace apenas pocos días no podía imaginar que por seguir un sueño y simplemente ponerme a trabajar para alcanzarlo iba a sentir la infinidad de cosas bonitas que hoy no me caben en el pecho.

Finalmente estoy haciendo algo por mi país, algo concreto y tangible que poco a poco está tomando forma. ¿Cuál forma? Bueno aunque todavía no esté enfocada en algo específico, lo cierto es que se están moviendo las fibras de la gente y este proyecto que comenzó siendo “mi proyecto”, ahora es el de unos cuanto y espero que el de muchos más.

He hablado con mucha gente y escuchado diferentes puntos de vista, y siempre llego a la misma conclusión: Venezuela será grande en la medida que nos comprometamos con ella en serio y desde lo más profundo. Gente valiosa hay mucha, como dicen en mi tierra “como arroz partío”. Entonces las esperanzas crecen y crecen, al contrario de lo que se quiere hacer creer, que no hay esperanza ni futuro, que si Chavez gana en el 2012 hay que salir corriendo de una vez por todas.

Voy a contarles un poquito la historia de los gochitos Contreras, no me la sé exactamente pero lo poco que sé me ha servido muchísimo en la vida porque es en cierto modo la base de una sociedad que luchó por superarse y lo consiguió. Más allá de que son mis abuelos y mis tíos los protagonistas, siento que refleja la historia de una generación de venezolanos que hoy sienten que sus hijos no tienen ni la mitad de las oportunidades que ellos tuvieron, aún cuando su propia realidad social y económica era peor que la actual.

Resulta que Catalina y Daniel se fueron desde los Andes hacia el Zulia con algunos de los hijos que ya habían nacido, y terminaron la producción (de hijos) en Maracaibo. ¿Recuerdan cuántos gochitos eran? Catorce (14), sí, leyeron bien catorce carajitos tuvieron mis abuelos. Según he escuchado mi abuelo trabajó en el matadero municipal o algo así, creo que también se dedicó al comercio. Mientras tanto Catalina se quedó en casa criando muchachos, no la tenía fácil. Ella era maestra rural allá en Mérida.

Me han contado que abuela Cata iba a buscar los regalos de Navidad que daban en el Cuartel Libertador para que el “Niño Jesús” le trajera algo a sus hijos. También en algún momento vivieron en la casa parroquial de un sector popular en Maracaibo, donde el sacerdote los acogió para ayudarlos. Y así muchas historias de pobreza, pero también de trabajo y sobretodo de honradez.

Todos los muchachitos fueron a la escuela, no me puedo imaginar con cuánto sacrificio. Algunas veces no tendrían ni zapatos para asistir, o a lo mejor no podían pagar el pasaje. El punto es que no sólo fueron a la escuela primaria (pública obviamente), también estudiaron el bachillerato, y más todavía, la mayoría de ellos fue a la Universidad. Imagínense una gente en condiciones tan duras haciendo todos los esfuerzos posibles para que sus hijos tuvieran una educación formal y lograran superarse en la vida.

De allí salieron ingenieros, una arquitecta (mi madre), una bionalista, un historiador, dos matemáticos, varias maestras. Realmente de allí salieron personas decentes, trabajadoras, honradas. Varios de ellos profesores universitarios. De hecho, dos de ellos obtuvieron la beca Gran Mariscal de Ayacucho y se fueron a estudiar en Boston. ¿Boston? Yo creo que conocieron Boston primero que Margarita, porque como podrán imaginar el turismo no era una opción para esta familia.

Poco a poco cada uno de ellos fue haciendo su vida, que mejoró sustancialmente en comparación con su niñez y juventud. Se casaron, tuvieron hijos, los cuales también han tenido hijos, en fin hoy somos un gentío.

Esa historia que sé que para muchos suena lejana, y muchos la sienten propia, sucedió en Venezuela, durante los benditos 40 años por los cuales hasta yo me he llegado a sentir culpable por tanto escuchar el discurso “Revolucionario”. Es más, yo vengo de esa familia y siempre me he sentido muy orgullosa de ello, pero hoy no lo cuento para lucirme con nadie, lo cuento para que reflexionemos sobre el fondo de estos hechos.

Si alguno de los protagonistas de la historia, siente que falta algo o que lo que conté no es fiel a la verdad, cualquier comentario o aporte será bienvenido.

¿Alguien puede imaginar todo lo que les acabo de contar sucediendo en este preciso momento en cualquier lugar de Venezuela?

Antes pensaba que era imposible que una familia en esas condiciones lograra el mismo resultado. Pensaba ¿cuántos de esos muchachitos llegarían a los 15 años sin meterse en problemas, drogas, delincuencia? ¿Cuántos llegarían vivos a los 20 años? ¿Cómo carrizo iban a hacer para salir del barrio si no podrían comprar ni un metro cuadrado para vivir con su nueva familia?

Realmente cuesta pensarlo, porque la situación actual del país es muy distinta. Pero si eso pasó aquí, y tanta gente luchó y logró vencer la pobreza, significa que hay esperanzas para reconstruir a Venezuela.

Mi optimismo no es puro discurso, es real y vivo. He entendido algo que quizá es la clave para realizar mi proyecto: no se trata de convencer a la gente para que no se vaya, si no de darles todas las razones posibles y más para quedarse. Suena igual pero no es lo mismo.
Nosotros contamos con riquezas naturales envidiadas por muchos países, que con mucho menos hoy han alcanzado el desarrollo. Nuestra calidad humana es la mayor riqueza que tenemos, y es la que nos va a sacar definitivamente de este atolladero. Pero eso sí, tenemos que estar conscientes de que debemos cultivarla y desarrollarla en toda la población. Finalmente seremos TODOS los venezolanos juntos los que haremos de nuestro país la Venezuela que sé que soñamos.

Digo esto porque no sé si estamos claros en que la mayor parte de nuestra población, esa que hoy vive en la pobreza, pero no sólo en la pobreza material sino en la pobreza espiritual y moral, se ha acostumbrado a vivir de cierta manera. Es decir, su motivación va dirigida hacia el poder. Entendiendo como poder, todo lo que genera conflicto, imposición, envidia, vivir en una realidad que no cambia (y no tiene porqué cambiar), miedo.
Otro tanto de nosotros encuentra su motivación en el logro, alcanzar metas, superarse, esforzarse.

Tengo que confesar que todo esto es nuevo para mí, esas teorías sobre nuestra cultura apenas las estoy conociendo. Y les puedo decir que la línea divisoria entre una y otra es muy delgada. Porque aún cuando pensemos que estamos entre el grupo minoritario, el que lucha por sus metas, y tiene buenos principios y jamás caería en la envidia o los conflictos, nada más lejos de la realidad. Se los digo en primera persona, porque descubrí que si bien mis pensamientos y sentimientos van en una dirección mis actos muchas veces van en otra. Luego pienso que podré hablar con mayor propiedad sobre el tema, pero en este momento sólo quiero dejar claro que la huella de nuestra historia como pueblo está marcada en nosotros y muchas veces nos hace actuar impulsivamente de manera contraria a nuestros pensamientos.

Esto no quiere decir que no tenemos remedio, quiere decir que hay que echarle un cerro para educarnos como pueblo. Para fortalecer nuestra motivación hacia el logro en cada aspecto de nuestra vida. Pienso que una vez hecho el diagnóstico, lo que hay que hacer es seguir el tratamiento (porque vuelvo y repito, la enfermedad no es terminal). Tengo que seguir investigando sobre este tema, a largo plazo esta es la vía para concretar el plan A.
Entonces, por el momento decidí enfocarme en las razones para quedarme, mejor dicho para quedarnos, porque este proyecto lo estamos construyendo todos.

Una amiga me propuso salir a recorrer juntas los lugares más diversos, en la medida que nuestro tiempo y nuestras posibilidades lo permitan, para recoger testimonios y fotografiar la realidad que encontraremos. Pienso que podemos hacerlo y colocar por aquí esos hallazgos para compartirlos con ustedes y con el mundo. Queremos enfocarnos en la realidad positiva, la Venezuela que muchas veces no vemos (¿o no quieren que veamos?). Esta es sólo una iniciativa, de muchas que irán saliendo y tras las cuales pienso encaminar mis pasos.

También sigo con la idea de conversar con personas influyentes en los más diversos ámbitos. Empresarios exitosos, líderes de comunidades populares, políticos, investigadores, artistas, gente común y corriente como yo, trabajadores, estudiantes. Eso sí, que tengan en común la pasión y el amor por el País. Y recopilar esas conversaciones para compartirlas también.

Mientras tanto, en el salón de la justicia, como decían en una comiquita de mis tiempos, estoy leyendo, aprendiendo, conversando con la gente y reflexionando sobre todo. Y también trabajando mucho (sin el traje de súper héroe que me pongo para escribir). Ah y de paso comenzando un posgrado…Creo que nunca había tenido una agenda tan divertida en mi vida, sintiendo que cada segundo cuenta para luchar por mis sueños.

jueves, 31 de marzo de 2011

Escritora yo?

Aquí estoy de nuevo. No es fácil esta vida de “escritora” en ratos libres de los cuales no tengo muchos. Eso de escritora suena grande, yo simplemente soy alguien que persigue un sueño y hasta que no encuentre otra manera de enfocarlo voy a continuar plasmando ideas en blanco y negro, en algún momento esta fuerza que me inspira tomará forma y cuerpo definido para alcanzar los objetivos que me he planteado.

 Esta semana estuve en Barcelona, Edo. Anzoátegui. Hubo varias cosas que me impresionaron, pero sobretodo me impactaron los contrastes, la existencia de dos mundos diferentes. Miseria y destrucción por un lado, belleza natural y potencial turístico por el otro. El hotel parece una burbuja dentro del subdesarrollo que la rodea. Venezuela es así, demasiados contrastes y la pobreza siempre asomándose.

También un comentario sobre la respuesta de Yudith, ése es el debate que quería despertar. Sus palabras son duras pero acertadas en muchos casos. Mi opinión es que para cambiar mentalidad y realidad en Venezuela hacemos falta nosotros. Estamos dejando todo en manos de los demás, políticos, empresarios, y pueblo (sometido a la pobreza, manipulación, ignorancia). Que trabajen ellos y yo regreso cuando todo esté mejor.

Pues no. Si decidí quedarme es para sacar esta vaina adelante, para aportar algo, para trabajar, dar ideas y lograr cambios. No me quiero quedar de espectadora en un show tragicómico, donde echamos broma con las cosas insólitas que nos pasan, o los personajes que hoy nos gobiernan, y al mismo tiempo vemos disminuida nuestra calidad de vida (los que todavía tenemos algo de esto), donde la pobreza avanza “a paso de vencedores”.

Honestamente no quisiera que esto se convierta en el tubo de escape que encontró Beatriz, y varios más que se han ido sumando. Yo no estoy escribiendo un blog para pasar días y noches sentada dándole rienda suelta a mis ideas y así desahogarme. No es un antojo, o un hobbie que encontré. Es más, no es mi nombre el que importa, yo no quiero ser la protagonista de esta película.

Digo esto porque quiero que sepan que el proyecto va en serio. No estoy romantiqueando con esto, ni comiendo flores. Como dije al principio no sé qué es lo que debo hacer, no tengo un procedimiento armado para trabajar, pero tengo la pasión y la motivación al 100%. Poco a poco he ido escuchando y leyendo opiniones e ideas, bastante interesantes por cierto.  Todas valen oro para mí, me han hecho pensar muchísimo, reflexionar, profundizar…

Hasta ahora la conclusión que voy sacando es que tengo que seguir adelante con esto, que la cosa es muchísimo más compleja de lo que  imaginé y requiere un esfuerzo y dedicación mayor del que esperaba, y ¿saben qué? estoy dispuesta a hacerlo, eso lo tengo claro.

Las primeras respuestas


Son varios los temas que quisiera abordar para poner mis ideas en contexto. Hago una lista ahorita para desarrollarlos más adelante, no quiero que se me olviden:

-          - La familia materna, los 14 gochitos que les había contado, cómo llegaron a Maracaibo, cómo se multiplicó la familia y cómo hoy son todos profesionales, gente decente y trabajadora.

-          - La familia paterna, el abuelo Manuel, sus raíces y su vida, su legado. Los abuelos maestros de escuela, luchadores sociales. Abuelo con ideas comunistas, preso político, perseguido. Abuela-esposa que tuvo que sacar la familia adelante sola mientras el esposo estaba preso.

-          - Estudiantes universitarios (nueva generación), esperanza de todo un país. ¿Qué los motiva? Necesito escucharlos. Mi generación no hizo absolutamente NADA.

-          - Realidad en positivo de las comunidades populares, barrios, etc. ¿Se está dando el cambio? Nuevos líderes ¿están enfocados?

-          - Esta frase me encantó: “todos dicen que se van en el último avión que salga de Venezuela cuando ya todo esté perdido…pienso que ese avión nunca va a salir de aquí porque en realidad esa gente no se quiere ir” (Pily)

Ahora coloco una recopilación de las primeras respuestas que recibí, cuando todavía el blog no había nacido:

Wow... No puedo empezar a escribir estas líneas sin decir esa palabra: WOW! Me dejas loco con todo lo que leo, y más que loco, con ganas de leer más... Ideas, muchísimas... Al igual q tu, siento q este país y su gente tenemos mucho potencial, mucho q dar, solo que, y es una opinión muy personal, no sabemos cómo canalizarlo, pero tú, Beatriz Andrade acabas de dar un primer paso, un primer paso que puede ser el comienzo de un GRAN CAMINO, un primer paso que muy pocos se atreven a dar, pero que los que lo dan obtienen muy buenos resultados.

Hay dos puntos de los q hablas, en los q quiero compartir algo contigo, uno: invertir en este país, a mis 20 años tuve un proyecto que fue montar un negocio, un proyecto que logré y que mantuve por 10 años... Un proyecto que logró que pudiera estudiar en la universidad más cara de Venezuela, y ojo, no me siento orgulloso por haber estudiado en la universidad más cara, pero si por haberla podido pagar. Un proyecto que me lleno de muchas satisfacciones y muchos aprendizajes, un proyecto que materialicé y que me demostró que cuando se quiere, se puede…

Dos: amigos que se van, ¿sabes cómo me dicen la mayoría de mis amigos que se han ido, o los que se quieren ir? Alejandro, estás loco, si yo fuera tu ya me hubiera ido hace muuuuucho tiempo, ¿y sabes por qué lo dicen? Porque tengo algo que para muchos es el tesoro más preciado: un pasaporte de la Comunidad Europea... Y no te puedo negar que para mí es uno de mis planes, porque como dijo Laureano: los venezolanos tenemos muchos planes, B, C, D..... Hasta las Z... y yo no me escapo de esa… Pero hay algo que si me diferencia y es que para mí, ese pasaporte, es mi plan Z, antes de él, hay muuuuchos otros planes, y todos ellos son aquí, en mi país, en Venezuela.

Desde ya tienes a otro fan de ese Proyecto Plan A con el q sueñas, y q puedo empezar a soñarlo contigo!!!
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 Te tienes que apurar a ver qué haces, un libro tarda burda y es complicado no imposible puede ser el resultado final pero de inicio para mí un blog o facebook puede ser la vía de capturar gente y mas que capturar gente motivarla ayudarla a entender que nuestro país tiene un mundo de oportunidades que tenemos que aprovechar y algunos no luchar sólo por nosotros sino por nuestros hijos, los hijos de nuestros amigos, nuestros nietos...

Sabes que pensé, ufff ya Beatriz tiene que mostrarle a sus nietos que arrecho....

Me sorprendiste no con lo que escribiste sino tan rápido que lo escribiste, ya diste el primer paso chama y ese es el mas difícil así que pa´ lante que este proyecto tiene mucho de otras personas que lo hemos pensado pero no hemos dado ese paso...

Yo me comprometo a acompañarte con mis ideas, con mi forma de ver la vida, con mi sueño que es la fotografía...seguro que contigo voy a crecer y a tener algo que modelar a mis hijos y contarle a mis nietos....

Gracias por compartir conmigo tu sueño...
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Guao... creo que todavía estoy digiriendo todo... y pensando qué decirte...

Sinceramente me parece (desde el punto de vista de una lectora) que está muy bien plasmado tu interés, es decir, la redacción te quedó excelente...

Ahora, con respecto al fondo de todo, me parece mejor aún.  Honestamente pienso, y estoy segura, de que hay algo que mueve a las personas cuando Dios quiere que hagan ciertas cosas. Si de verdad (y por lo que leí, es así) sientes eso adentro, esa certeza de hacer algo, plomo!

Yo te apoyo, cuenta conmigo. Sigue escribiendo,  y publica.

Ah! lo del cortometraje o película me parece una excelente opción...claro, hay que investigar!
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Me gusto mucho tu ensayo. Pienso que sí tienes dotes de escritora!

Comparto tu sentir pues me encanta mi país, su geografía, su Gente, su comida, sus amaneceres y atardeceres; sus árboles y flores, sus playas y montañas. Me encanta el Ávila y me encantaría tener tiempo para fotografiarlo cada día. Entre todos lograremos hacer grande a Venezuela. Felicidades por tu decisión Bea!
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Leí tus ideas y me parecen fabulosas, no es facil. Vas a encontrar de todo: unos te apoyaran y otros te dirán romántica.
Yo sé que tu eres perseverante y algo más importante vas a lograr, ya lograste muchas cosas importantes.
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sábado, 26 de marzo de 2011

Back in business


Varios días sin escribir pero muchísimas cosas han pasado. Las ideas no dejan de dar vueltas en mi cabeza, a veces no me dejan ni dormir.

Esta semana comenzó oficialmente la aventura cuando decidí hacer público el proyecto, además de compartirlo con mis amigos más cercanos, colocarlo en “la red” fue un paso determinante. Confieso que tenía un poquito de susto porque para mí internet puede convertirse en un monstruo, pero agarré valor y me lancé, lo peor que puede pasar es que me lleguen insultos o cosas locas y estoy curada contra esas cosas porque las veo todos los días en las noticias.

He estado reflexionando sobre varias cosas, entre ellas las razones por las que hice de Venezuela mi plan A. Porque entre las respuestas que he recibido hasta ahora a mi propuesta ha habido cuestionamientos importantes que tengo que estar preparada para responder, y más importante aún, tengo que tomar conciencia de que la decisión que tomé es un gran reto en todos los sentidos posibles. Luego quiero compartir esas respuestas que he recibido con ustedes también.

Qué responder ante estas preguntas: ¿por qué vas a sacrificar tu futuro en un país dónde no sabes si te pueden asesinar esta misma noche cuando vayas a la panadería? ¿Por qué vas a someter a tus futuros hijos (espero que lleguen algún día) a vivir en un país donde no tendrán todo lo que tú deseas para ellos, comenzando por pañales desechables siempre disponibles? ¿Por qué pierdes tu tiempo y tus energías en tratar de animar a la gente a que no se vaya? ¿Qué exactamente es lo que ofreces o qué propones?

 Aquí cabría citar el comienzo de uno de mis libros favoritos, Cien años de soledad, ¿lo han leído? “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.”

Ante a esas preguntas tan crudas, me siento así, frente al pelotón de fusilamiento. Y como Aureliano Buendía, recuerdo cuando mi padre me llevó a conocer el “hielo”. En realidad me llevó a conocer el cine, no sé si fue la primera película que vi en el cine, pero mi recuerdo está relacionado con la intensión de mi papá de que nosotros conociéramos el mundo, la cultura, los lugares hermosos en Venezuela. Realmente nunca había reflexionado profundamente sobre eso pero hoy puedo ver que gracias a ese impulso de mi papá, yo pude tener contacto con muchas cosas que eran importantes para mi formación como persona, como venezolana. No sé si él esté consciente de lo que hizo, nunca se lo he dicho pero este es un buen momento.

Con mi familia vivimos durante algunos años al sur de la ciudad de Maracaibo, en aquel entonces el sur era “monte” y el norte era la “ciudad”. Realmente no era así, es decir, en el sur también se vivía bien, pero todos los centros comerciales, cines, teatros, actividades culturales, espectáculos, etc., estaban en el norte. Recuerdo que mi papá me llevaba todos los benditos domingos a “chímpete chámpata”, no se rían, se llamaba así!! Era una actividad cultural para niños que hacía una gente de la universidad, había obras de teatro, títeres, manualidades, cosas así. También nos llevaba al cine, al circo, a los parques (esto sí que me encantaba), al Paseo del Lago para manejar la bicicleta o al Parque Urdaneta en el centro. Creo que acabo de entrar al túnel del tiempo, disculpen… Comento todo esto porque ese roce con nuestras costumbres, con la cultura, con la “ciudad” pienso que fue la clave del éxito en toda esta historia. Hasta ahora no me lo había planteado así.

Para responder las preguntas anteriores puedo comenzar por la de los hijos; coño yo quiero que mis hijos disfruten tanto o más lo que yo he podido disfrutar de este país. Entre esas cosas que hice con mi familia está la viajadera por Venezuela, tal vez no la recorrimos toda pero bastante rodamos: como buenos maracuchos-medio gochos Mérida era destino obligado, Trujillo, Falcón, Táchira, Morrocoy, Margarita, Cumaná, Mochima, Caracas (la capital por supuesto), Maracay, Barquisimeto, Puerto Ordaz, muchísimos pueblitos incluidos en todas esas aventuras. 
También quisiera que  aprendan en la escuela la historia de la Patria donde nacieron, no de otra. Que valoren el sacrificio porque finalmente a la vida se viene a luchar, no a que te den todo y que luego no sepas ni freír un huevo o salir adelante ante las dificultades. Si no consigo pañales pues le pongo de tela, yo los usé y no tengo nada extraño ahí en ese lugar que se están imaginando. Aunque estoy segura que no hará falta, porque tengo que insistir con esto: Venezuela no será otra Cuba. Luego ellos decidirán donde van a hacer sus vidas, serán libres para elegir, y en caso de que se vayan no saldrán huyendo.

Viene el tema de la seguridad. Este es un punto neurálgico yo lo sé. No le puedo decir a nadie que ponga en riesgo su vida ni que viva asustado todo el tiempo. Sólo puedo exponer lo que pienso y cómo trato de vivir yo. De una vez les digo que me han robado al menos 8 o 10 veces, unas más violentas que otras, he perseguido ladrones corriendo por la calle, atraco en autobusito, hasta el más heavy de todos: secuestro express. Gracias a Dios, a la Chinita y a todos los ángeles que me protegen (que son un escuadrón tipo SWAT como pueden darse cuenta), nunca me ha pasado nada grave físicamente. Ahora bien, nada de eso me atemoriza más en cuanto a la posibilidad de perder la vida que sufrir un accidente de tránsito o una caída desafortunada en la ducha. Obviamente las razones de fondo para la descomposición social que vivimos son muchísimas, y no pretendo hacer una disertación sobre el tema. Pero el hecho de que un tipo llegue y me dispare para quitarme el carro no es muy diferente al hecho de que muera de cualquier otra cosa, la consecuencia es la misma, yo paso a mejor vida. Sé que es fuerte y rudo decir eso así, pero objetivamente hablando es la realidad. También tengo que decir que me cuido mucho, que tomo precauciones, tampoco es que ando por la calle como si aquí no pasara nada. Simplemente no vivo estresada pensando todo el tiempo que me van a atracar, que me pueden matar. Trato de disfrutar al máximo mi vida, sin pasar por inconsciente, no me meto en lugares que sé que son peligrosos a cierta hora, no exhibo mis pertenencias como una vitrina ambulante, en fin, hay mil maneras para cuidarse sin llegar a la psicosis. Además, así como me pueden matar aquí puede pasarme en cualquier parte del mundo. Este debate seguramente seguirá.

A ver, ¿por qué pierdo mi tiempo en esto? Desde el fondo de mi corazón, creo que nunca había hecho algo con tanta pasión y con tantas ganas. Si tan solo uno de ustedes decide acompañarme en este camino será el mayor de los logros para mí, pero puedo decirles que aunque estas ideas sólo reboten por todos lados, cada segundo ha valido la pena!

No ofrezco nada más sino que ustedes puedan sentir la emoción que siento yo en este momento, que sientan que Venezuela les pertenece y que formaremos parte de la historia de este gran País como aquellos que creyeron en ella y no la abandonaron. Los que dieron lo mejor de sí para sacarla adelante y aportaron sus ideas, sus iniciativas, sus valores, sus potencialidades para convertirla en una gran Nación. Prometer que nosotros veremos este sueño hecho realidad tal vez sea inocente e iluso de mi parte (igual yo insisto en que así será), pero algo dentro me dice que nuestros hijos lo verán y se sentirán orgullosos de sus padres y de todos los que decidieron quedarse en Venezuela y hacerla su Plan A.

viernes, 25 de marzo de 2011

la idea

17/03/11

Esta idea nació en la celebración de los 70 años de la empresa donde trabajo desde hace casi 7. Ya venía en formación desde hace tiempo, había algo dentro de mí que no se quedaba quieto, que me invadía los pensamientos y sobre todo los sentimientos. Cada vez que alguien cercano me contaba sus planes de emigrar se me revolvía todo, cada vez que escuchaba que el primo de no sé quien se fue a España, el amigo de aquel está gestionando su largada a Canadá, algún compañero de trabajo está arreglando todo para irse a “estudiar” (sin planes de volver por supuesto) a cualquier lugar lo más lejos posible, alguno de mis chorrocientos primos se va pal carajo también…en fin, la razón común de todos es: mejor me voy mientras pueda, porque esto se va a poner feo y yo no quiero quedarme atrapado en este país mientras se hunde.

Yo digo una vaina, si el país se hunde o no no será culpa de Chávez ni de los chavistas. Será responsabilidad de todos nosotros los que no estamos haciendo nada para salvarlo, que no estamos haciendo absolutamente nada para sacarlo adelante. Todo lo contrario, le estamos dando la espalda como a un leproso. Que dolor tan grande se siente cuando a uno lo dejan solo, cuando las personas que más quieres te abandonan porque estás pasando por un mal momento, y eso lo hemos sentido todos, no me digan que no saben lo que se siente.

En aquella misa de acción de gracias, el sacerdote dijo cosas tan ciertas y tan apropiadas para el momento que vive el país, que logró conmoverme hasta las lágrimas. Me sentí cuestionada, como si alguien me estuviera mirando fijamente y me dijera: Ajá trabajas en una empresa que nació por la pura convicción de unas personas de que Venezuela puede ser un país de primer mundo, que aquí hay demasiadas cosas que hacer y que aprovechar; con sacrificio y trabajo constante y perseverante esas personas construyeron una organización que produce no sólo dinero, si no bienestar a sus trabajadores y a los consumidores de sus productos (que es todo un pueblo). Muy bien, tú eres afortunada de estar aquí. Pero ¿qué estás haciendo tú por ese país al que dices amar? Ok muy bien tú te ganas la vida de una manera digna, haces tu trabajo con pasión porque te gusta lo que haces, vas a votar cada vez que hay elecciones (en promedio una vez al año), pagas los impuestos, cumples la ley, en fin eres una buena ciudadana. Pero ¿eso es suficiente? Si te atormenta tanto la idea de que la gente se vaya cada vez más rápido y en mayor proporción, ¿qué carrizo has hecho tú para que eso cambie?

También tengo que decir que días antes había visto un monólogo de Laureano Márquez, quien es para mí uno de los más brillantes humoristas que han sobrevivido al tiempo y a las circunstancias de este país. “Porqué somos cómo somos”, ese es el título de la obra. De ahí también salí con el corazón en la boca, de hecho el título de mi proyecto hace honor a una de las frases que me marcó ese día: nosotros tenemos plan B, plan C, cualquier vaina para salir corriendo de aquí; cuando nuestro plan A tiene que ser Venezuela. No sé si esas eran las palabras exactas, pero yo salí de ahí con la convicción de que mi plan A es Venezuela.

Entonces ese 14 de marzo de 2011, hace poquitos días, comencé a escribir unas notas en mi teléfono justo al terminar la misa. Como para que no se quedara en pensamientos todo aquello que me saturó el cerebro, mejor dicho el alma. Y aquí estoy, tratando de poner en blanco y negro un proyecto que se ha convertido en mi proyecto de vida. Verga que arrecho que yo esté diciendo esto, yo que me cuestiono todo y que pensaba que estaba destinada a la soledad y el silencio de mis pensamientos, y que pensé que no tenía sentido luchar contra la realidad por la que muchos se van, porque no están dispuestos a sacrificar nada por la patria que los vio nacer y les dio todo.

Para que quede claro, yo estudié química pura, es decir, me fui por la ciencia no por la literatura ni la filosofía ni nada relacionado a alguna carrera humanística (no sé si es el término correcto). Sin embargo, debo admitir que siempre he tenido muchísima inclinación por esas cosas de las que no estudié en la universidad formalmente, pero que durante mi paso por la universidad de la vida (como muchos la llaman) he tomado muchísimas clases de forma autodidacta. Algunos de mis amigos dicen que soy medio psicóloga, y que de vez en cuando se me incorpora algún espíritu de filósofo también.

Este proyecto al que bauticé como Proyecto Plan A se trata de difundir un mensaje concreto de muchas maneras (todas las que se puedan y más), el mensaje sería que nos quedemos en Venezuela todos los que la amamos, todos los que la sentimos como nuestra Patria y la queremos ver grande, desarrollada, victoriosa, alegre, bella como es, un País del que nos sintamos orgullosos y al que el mundo mire con respeto. Está demás decir que el potencial que tenemos es inmenso, pero valdría la pena desarrollar ese tema también.

¿Cómo lo voy a hacer?, sinceramente no tengo idea. Es allí donde necesito ayuda, donde les pido con todo el corazón que usemos nuestros talentos para sacar adelante este proyecto. Quisiera escuchar a mucha gente, entrevistar personas influyentes, venezolanos triunfadores en las más diversas áreas y que están aquí echándole pichón, aún cuando podrían haberse ido a comer el mundo. También a los que se han ido, pero no huyendo. Porque también es verdad que como seres humanos estamos en todo nuestro derecho de buscar la felicidad y la realización personal en cualquier lado, somos ciudadanos del mundo. Yo no profeso un falso patriotismo que reniega de la idea de encontrar esa realización en otro país; sólo que me niego a pensar que tenemos que salir huyendo porque “otros” se estén adueñando del nuestro.

¿Qué si pienso escribir un libro? No lo sé, nunca me lo he planteado y no creo que tenga mucho talento para eso.

¿Será una campaña por internet? ¿Twitter, Facebook, un blog? No lo sé, no tengo experiencia en eso, pero podría ser interesante.

¿Un corto, una película? Suena bien, tampoco tengo la menor idea.

Yo lo que quiero, y con lo que sueño es que el Plan A no sea sólo mío o de unos pocos, si no que llegue a la mayor cantidad de personas posible. Yo estoy dispuesta a hacer lo que haya que hacer, aprender lo que se necesite, invertir mi tiempo y algún dinero que tenga (que no es mucho por si acaso). Ni siquiera me interesa que mi nombre salga mucho, no busco protagonismo ni comenzar una carrera artística (me gusta mi trabajo en el laboratorio, que quede claro). Quisiera que nos unamos todos los que coincidimos en nuestro Plan A y lo compartamos con todo el quiera escuchar de él, y el que no quiera lo escuchará también, y yo sé que alguna fibra se moverá, y tengo una certeza loca de que vamos a hacer historia.

Por ahora pienso que debo documentarme un poco más sobre la historia de Venezuela, y también sobre la historia de otros países que han vivido situaciones similares a la nuestra. El ejemplo de Cuba es uno de los que más me interesa, porque estoy convencida que el éxodo masivo que ocurrió con la llegada de Fidel Castro mucho tiene que ver con la cruda y patética realidad que hoy viven los cubanos. Y con todo y eso, existen personas como Yoany Sánchez que dan la batalla desde allá. Gran inspiración para mí es esa muchacha, o señora, en realidad no lo sé porque no la conozco en persona. Pero conocer sobre su vida a través de su blog y seguirla en Twitter ha sido muy aleccionador y edificante para mí.

Ahora me gustaría saber sus opiniones, no saben lo valioso que sería para mi cualquier idea, cualquier propuesta, cualquier luz que me den para este camino que decidí tomar. Yo sé que no será fácil, pero no tengo miedo, ni una gotica de miedo. Lo que tengo son muchas ganas de trabajar y aportar mi grano de arena para construir la orilla donde llegaremos después de este largo viaje en el que hemos atravesado tantas tormentas, para encontrarnos finalmente recibiendo un atardecer hermoso como el de Juan Griego en Margarita, o en Choroní, o en cualquiera de nuestras orillas venezolanas que para eso tenemos bastantes.